La clase con una profesora nativa puede ser considerada una situación de aprendizaje más real y enriquecedora, pues posibilita acceder tanto al conocimiento y uso del idioma (con sus especificidades: acentos, giros, etc.), como al contexto cultural suscitado en las situaciones comunicativas.

Con una profesora nativa es más natural que se negocien los significados, y no la simple traducción, promoviendo así el desarrollo del léxico y de las habilidades comunicativas del aprendiz. También, es más espontanea la identificación de los errores en el uso del idioma, al igual que la posibilidad de corregirlos, contribuyendo para que el aprendiz hable con corrección.

Sin embargo, tener formación en el área, es lo que garantiza que esas situaciones de aprendizaje puedan ser mejor aprovechadas. De esa forma, es fundamental que la reflexión tanto acerca de los aspectos lingüísticos como los culturales, implicando al/la aprendiz en el proceso de enseñanza y promoviendo su competencia intercultural.

De hecho, la clase con una profesora nativa colocando al/la aprendiz en una situación concreta de aprendizaje intercultural, posibilita su desarrollo como hablante intercultural, capaz de dedicar una “nueva” mirada a su propia cultural, de adquirir habilidades para relacionarse con personas de otras culturas, de ampliar su conocimiento del mundo, y de adaptarse al uso de la lengua, utilizando las formas correctas y apropiadas exigidas por los contextos sociales en que utiliza el idioma.